punto

 

 

Mucho tiempo sin escribir,
la culpa es color dolores y la textura que luce es decepción.

Ambas me dejan atenazado con el alma y lo de adentro hecho una bola de papel, y como nadie es culpable,
me quedo con la inocente soledad y una tristeza impotente
que una vez finalizada la jugada,
me hace sentir otro nadie entre tanta humanidad.

Nada me pone más triste que depositar cariño y sentir curiosidad por un igual, hasta el día en que parece que molesto.
Me importa muy poca gente, y cuando me importa,
me ciego tanto que puedo llegar a sentir que hay conexiones
mientras que la cruda realidad, es que yo no voy a salir en esa foto.

Es triste ser triste, ganamos muy pocas veces.

Perder es romanticismo y a la vez es condición para que el mundo asustado,
suelte el cabo que le une a quien no sabe vivir entre ‘felices’. Soledad.
No estoy aquí para quejarme, no me gusta como postura vital,
estoy para desahogarme,
para compartir mi tristeza con alguien
y sobre todo             para volver a escribir.

 

 

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Una Ex de las que podríamos considerar importantes, me decía que yo debería vivir en una casa, dentro de casa, separada por barrotes, y a la que poder circundar desde la otra mientras se me observa deambular desde el lado libre de la reja. Qué retorcida ¿Os imagináis? Ser tú el espécimen.

Cuando algo de mí -o de mis reacciones- no entendía, y podéis creerme que pasaba algunas veces, siempre me lo recitaba como un mantra que se clavaba en la parte de ser asocial y huidizo que suelo llevar conmigo. Me aterraba la imagen de la gente observando mi rutina en soledad, como la de un animal muerto en vida de un zoo cualquiera.
Con el tiempo, la Ex, dejó de ser tan poética, y lo redujo a que yo había nacido para ser un jodido ermitaño. La convivencia y el matrimonio se comen la poesía. La parte de ‘curiosearme como a un ser diferente’ ya le daba absolutamente igual, me quitó esa dignidad al desearme vivir siempre solo, sin importancia, y ante los ojos de nadie. 

Y eso es todo. No soporto discutir.

La moraleja de esta historia es que yo tengo a fecha de hoy, entre otras cosas, como mínimo una Ex.
La consecuencia, que escribiré más, o escribiré menos, pero que no pienso dejar de hacerlo.

 

 

_36 horas

 

***

Nunca soy plenamente consciente de que sólo con mi aspecto, ya doy motivos a las fuerzas y a los cuerpos para que me supervisen en cualquier tipo de control ciudadano. Me viene a la mente un flash back en la aduana del aeropuerto de Milán. Yo iba con mi “señora”. En los bolsillos, llevaba una piedra -tamaño bien- de un hachís de mediana calidad, y gramo y medio de ‘polvo’ de ese que llaman ‘brown sugar’ –amén, del que ya llevaba puesto-. Arrastraba mi equipaje por el suelo reluciente del recinto cuando vi a due Polizia con un perro que husmeaba las maletas.

Miento si digo que no. Tuve miedo. Cuando los vi a diez metros delante de nosotros, pensé que habían encontrado –en mí-, al cuarto jinete para huir de estampida apocalíptica hacia cualquier calabozo. La vida a mi alrededor pasó a imprimirse en celuloide sin apenas darme cuenta. En un giro del guion, el perro polizia se puso muy nervioso al oler el bolso de mano de una señora. Pasé junto a ellos siete veces en una especie de moviola mientras todo sucedía como si nada. Mi mujer iba a mi lado con sus trenzas, dispuesta a hacerme insufrible un viaje que salvé, huyendo un día yo solo hacia Florencia. Nunca estuvimos casados, aunque tengo documentos engañosos, que dicen que esa mujer era mi esposa. Papeles de amor.

Si me hubiera olido a mí, el perro, antes que al bolso de esa señora, mi matrimonio hubiera terminado mucho antes de lo que lo hizo. Todo tiene siempre un lado positivo. La cuestión es que ahora estoy de nuevo en un aeropuerto. Son las doce del mediodía y a las ocho de la mañana me he desayunado cincuenta cápsulas hechas de condones repletos de cocaína. No van desencaminados los polizeis. La habitación ésta es fría.

***

 

“el torçalo”

 

Los genes del abuelo “Torçalo”. In memoriam. Josep Rovira i Mari (1888-1961)

*Buscando documentación familiar para escribir unas mierdas a las que después yo llamo novelas, ha caído en mis manos una breve biografía de mi yayo el pintor, el artista, el puto looser original; y me permito compartir esta articulada introducción a lo que fue brevemente la vida del artista, utilizada por un estamento oficial como presentación a su primera y su última exposición”

Hay madera en esos genes -como se puede apreciar- para que uno de sus descendientes se convierta, en mi cabeza, en un refinado y original asesino en serie. Sólo es una novela.

* * *

“El Torçalo” no fue comprendido por sus contemporáneos. Muy pocos de nuestros mayores, que recuerdan con más claridad la peor etapa de su vida, llegaron a adivinar el potencial creativo que poseía aquel genio al que consideraban ‘un bohemio’. Él no hizo nada para sacarles del error. Las relaciones con la gente de su entorno siempre tuvieron el tono de ironía propio del que ve a los demás desde otro nivel. Nunca participó en sus cuitas ni hizo nada para cambiar la imagen que ofrecía de sí mismo (y de la cual era muy consciente).

Sus creaciones escenográficas fueron, con mucho, las mejores de su tiempo. Josep Rovira “Torçalo”, llegó a ser tan apreciado por su capacidad artística como temido por su inconstancia. Por su causa, el Maestro Serrano -con quien trabajó la mayoría de sus decorados-, y otros muchos, debieron pasar más de una mala noche. “El Torçalo” también era incapaz de administrar adecuadamente el dinero que ganaba, nunca supo ahorrar ni saldar sus deudas. Por elevadas que fueran las sumas percibidas, siempre desaparecían rápidamente en las visitas que él y su familia realizaban a lugares de algún interés artístico. Las obras que se muestran en la exposición póstuma “Josep Rovira ‘El Torçalo’”, tienen poco que ver con su trabajo en el teatro. Los artistas y empresarios teatrales reconocieron sus cualidades creativas, y trataron de hacerlas productivas. Pero nadie consiguió someter la inquietud casi eléctrica de ‘El Torçalo’, que prefería salir al monte en soledad a encerrarse en los estudios de pintura, donde el asma lo ahogaba.

Josep Rovira dejó pasar casi todas las oportunidades. Cada vez que la fortuna le sonreía, él mostraba su indiferencia, alejándose voluntariamente de ella. ¿Indolencia o timidez? ¿su asma o su rebeldía? Nunca sabremos qué le alejaba realmente de los talleres, y tampoco nos corresponde a nosotros juzgar. Lo cierto es que él, jamás se lamentaría. Ni tan siquiera en los peores momentos de su vida.

 

 

 

 

 

_lo que sobra

 

Lo que sobra.

 

 

Me llaman como al hijo de puta al que interpretaba Michael Caine en aquella película del año 66: Alfie. Alfonso. Nombre de rey. El mismo nombre que mi abuelo el pintor y con las mismas manos de príncipe, según me decía siempre mi padre mientras las observaba sostenidas por las suyas. Mis recuerdos no tienen sonido. Nací bien, aunque lo hice en las horas centrales de un bochornoso día del mes de Julio. Uno amarillo y azul, que deshacía las pieles y las paredes como si todo ya me llorase desde ese primer instante a la intemperie.
“Naces llorando, solo, y te mueres de manera parecida; nos cabrea tener que salir y nos cabrea tener que irnos. Vivir es todas esas cosas sin sentido que transitan entre ambas”, eso me dijo un día mi padre. Sólo me lo dijo una vez, que yo recuerde, pero el tenerlo siempre presente me ha desprovisto de cualquier tipo de presión en mi día a día. Hay otras personas que se dicen sin convencimiento un ‘carpe diem’ por las mañanas antes de salir hacia la oficina, o se plantan bien afeitados ante el espejo y se arengan: ‘Venga, tú puedes, campeón, eres el puto amo’. Yo sin embargo, no me miro demasiado en los espejos, y quizá por eso me proyecto a veces sobre algunas frases. No me he gustado nunca. Tengo genes de padres arcaicos que procrean varones bajo unos estrictos estándares de calidad, padres exigentes, un padre puede ser cualquiera sin carnet, pero un hijo, un hijo es lo que su padre espera, o no es. Así de hija de puta es la genética. Yo no he dado jamás esa talla más allá del momento de nacer, y creo firmemente que lo hice solamente por joder, por dilatar y romper como un pedazo de carne sanguinolenta a la madre que me obligaba a dejar el hogar, y hacerle así aún más insufrible el calor de las dos del mediodía, de un día cualquiera hacia finales del mes de julio. Cuatro kilos, cien. Eso era un “hombre”. A los tres meses ya me hice un alfeñique que lloraba infinitamente más que cualquiera de las hijas de las vecinas. Una vergüenza. Ese deseo no concedido a un padre recto y trabajador, me ha hecho cargar con la idea de que ser diferente no siempre es peor, aunque siempre hay un poso en lo hondo que me grita que soy un ser humano algo inferior. La dualidad me es innata, y el continuo bascular es lo que mantiene el movimiento indispensable, para trasladarme por la vida de manera similar a una larva de mosquito bajo el agua. Nunca supe bien quién soy, nunca fui nada, soy el amasijo de no más de diez colores convertido en una masa viscosa, a todas luces opaca, y con muy poquito disolvente. Un emplaste vital de color marrón oscuro que le da textura de mierda de bebé a una blanca tela, una obra de arte, a la postre. Nunca supe nada de esto a dónde va. Todo cambia, todo el rato.
Siempre sobra presentarse.

 

 

-estoy escribiendo la historia de un asesino en serie.

 

 

víscera

 

 

Esta noche no pretendo ser poeta. Y qué, si no lo logro tampoco desnudándome de día. Esta noche me quiero vestir de mis pecados
que tienen manera y tamaño capital como la turbia y pesada tarde en que nací.
Voy a ser desagradable.
Voy a ser desagradable, porque soy desagradable al transitar con los colgajos que no logro desprender de mis pasados, y además yo sé muy bien que son pecados.

Bien que me hubiera venido –lo he pensado muchas veces-
que alguien en su sano juicio me hubiera dejado aparte
-un aparte tras el parto-, para luego ser vendido
a dos tristes muy cristianos
que hubieran puesto una biblia en mi regazo.
Les pasó a un montón de natos en la clínica y la fecha referida.
Para mí fue un ojalá desde que supe que vine en accidente, que nadie me reclamó;
no me buscaron a tientas,
sino que más fue un ataque a Doña Débil
pintando las letras alfa en un pasillo. Sé que ya fui violento,
pero eso es lo de menos, fue al salir cuando noté que el poder mal ejercido daba miedo. Ya dentro del agua tibia de su vientre,
solía escuchar las voces,
solía escuchar los llantos,
y dentro de mí sentí, como un abrazo de agua,
la viscosa suciedad que anunció la decepción de un error no eliminado.

No puedo quejarme de nada, aún así, he tenido una infancia feliz
dentro de una gran familia relativamente acomodada.

La violencia marcó
toda mi debilidad
hacia las debilidades.

 

 

 

‘creatina’

 

 

Ecléctico, podría ser una palabra apropiada; y, recurrente, un adjetivo con el que definir casi cualquier tema sobre el que se quiera reflexionar. Todos sabemos que hay un pre y que hay un post en la manera de consumir y disfrutar de la música popular. Algunos, además, aún podemos dar fe de haber transitado entrambos sin que se nos rasgue una vestidura por el antes, ni por el después. Antes era diferente y ahora cada cosa es la que es. Siempre ha sido así. En este tema de ‘los derechos de autor’, lo más mezquino que he escuchado al respecto de boca de una pop-star de las de gran compañía, es la que le dijo a un novel en referencia a la monetización de su obra creativa:
“Tú no sabes, la cantidad de dinero que has perdido”.
Por supuesto. Lo sabe todo el barrio. A lo que éste muerto en vida estaba haciendo referencia es a los putos derechos de autor, los royalties, las ventas legales de vinilos legales, de discos compactos legales, de escuchas y descargas legales, o de cualquier cosa que se haga con su música como producto, siempre que se haga de forma legal y lucrativa. Yo tengo una cabeza despejada (por vacía, supongo), y no alcanzo a comprender el inmovilismo aburguesado de un artista, que vive de sus creaciones, y que se queda colgado en ‘un mundo mejor’.

¿Alguien se ha parado a pensar en que no todo el mundo pretende ser famoso, millonario, o inmortal gracias a ‘su obra’? Esa debería de ser la única Revolución, asumir el producto creativo de una forma más natural; ese podría ser el punto de inflexión, y ese tipo de puntos siempre son ‘y seguidos’. Hoy no es ayer. Un ebanista, o un jardinero, tiene (en el caso de tenerlo) el mismo mérito creativo que alguien que compone una canción o que escribe una poesía. A veces, incluso más. Así lo veo yo, y no le encuentro sentido a que el ebanista cobre un dinero por cada una de las veces que se usen sus cajones. Ya cobró su mueble, y a diferencia de él, un poeta o un músico, además, tiene la posibilidad de ejecutarlo en directos y en sesiones a las que sus seguidores acudirán pagando para poder verlos. Para ir terminando; que hoy es mucho más democrático y sencillo el poder publicar tu obra -o auto-publicarte-, de lo que lo fue nunca en el pasado a merced de las grandes compañías.
Ya está.
Es la segunda vez que opino sobre estas cuestiones.
Así, qué.

Eso es todo cuanto quiero decir en referencia al recurrente tema de las sgaes,
del mundillo editorial, o del de:
La  Gran,
Industria,
Musical.